REFLEXIONES SOBRE LA DERROTA DE LA SELECCIÓN CHILENA

Por Ernesto Vásquez Barriga (Escritor, Fiscal y Miembro del Tribunal de Disciplina de la ANFP)

Como el sino de nuestra política deportiva, nos pasaron una boleta futbolística

 

 

Tenía todo el escenario de mi hogar listo, era la oportunidad de observar al gran arquero del Barcelona, comandando al campeón de américa estrenando la corona. La escena era única, hasta la parrilla era nueva, un ceacheí cerraba una jornada laboral….y daba comienzo al encuentro.

Sin embargo fue una pesadilla….la albiceleste como otrora se mofó en directo y con un par de goles evitables, sin respetar los astros que se habían reunido en la carpeta verde para iniciar la copa centenario.

Luego del partido casi no pude dormir, me volvieron todos los fantasmas futbolísticos.  Al amanecer, el desayuno fue más amargo que de costumbre, nada pudo darle sabor al pan que ni siquiera el perro quiso comerlo…Como otrora, los hermanos de allende los andes volvieron a reírse futbolísticamente en nuestra cara. La derrota fue inapelable, pareciera que el libreto de la última copa américa se hundió con todos los problemas que el drama del fútbol nos dejó como legado y sus escándalos nos donaron como herencia, un feroz drama. Yo como abogado,  litigaría gratis por mi patria y , mi bandera, aquella que me enseñaron adosar a mi pecho en mi escuela y en mi liceo, donde jamás hubiere hablado de “discutir premios antes de un encuentro”; las cosas han cambiado han mutado para peor, cuanto tienes cuanto vales decía mi padre y por ello se agrandan (ignorados por la masa, futbolistas incluidos) los gestos heroicos del abogado Prat, cuyo busto apenas es admirado por los estudiantes de derecho o los gestos de Balmaceda, de Allende o Víctor Jara; hoy por hoy nos sonrojamos por boletas millonarias que tenían por fin financiar la política y ni se nos estrecha el pecho al saber que algunos futbolistas ganan más de lo que un profesor jamás recibiría en toda su existencia; pero que deja su vida en el aula o el litigante que se amanece estudiado luego de años de formación para dejar toda la estela de su estudio en el estrado o el periodista que lucha por un lustro en la universidad para lograr ganar una milésima parte de lo que recibirá el ídolo que moja a medias la camiseta en la cancha y que además debe humillarse para que aquel le conteste frases mal unidas en la semántica…  Se me vino toda la rabia como un Tsunami y me dieron hasta ganas de querellarme contra el equipo, pero eso no está muy bien visto ahora; lo que sí es claro es el resentimiento que me nace al observar como algunos no eran capaces de mirar de igual a igual a los adversarios, emulando al gran Elías Figueroa, que si anoche hubiere estado, jamás un albiceleste hubiere celebrado.  

Sí, qué duda cabe, fue una de la peores pesadillas de los últimos años, me fui a negro y parafraseando a Neruda nosotros los de antes ya no somos los mismos y eso hay que asumirlo…en noches como estas mi alma gritaba cuando ganabas, pero ahora la copa será de otro porque nosotros nos hemos quedado en el letargo del pasado en el anquilosamiento futbolístico más absoluto.

Ha sido volver en un segundo a los sueños de niños cuando la mofa de los albicelestes se paseaban por Ñuñoa y un empate era el deseado regalo clamado al cielo, pero eso es parte de nuestro lastre deportivo mental.

Las nuevas generaciones se criaron en el triunfo y en la gloria deportiva, gracias a Marcelo Ríos, el genio del deporte blanco que ninguneaba a Vilas cuando se le comparaba con aquel o las medallas olímpicas de González y Massú que nos brotaron lágrimas de emoción por su entrega.  Estuvimos acostumbrados a comer caviar y de un día para otro volvimos a la merluza, se nos acabó la fiesta y el licor caro, parece queera un espejismo producto de una realidad que no es la nuestra.

Fuimos rehenes de un sueño de triunfos y copas, cuyas bases eran simples espejismo, fundado en una torre con pies de barro.

Por ahora la misión con la nueva dirigencia es soñar pero con realismo y probidad, sobre la tierra firme sostenida en cimientos de valores y principios, buscando materializar en la carpeta verde la prosa de Neruda hecha finta con Alexis o la magia de Nicanor derrochada en las piernas del príncipe Aranguiz o la solidez de nuestros héroes patrios, en las manos de nuestros porteros o la gallardía araucana en las piernas del gran Vidal. Empero para ello, hay que limpiar la casa y rociar de valores y convicciones, dejar en segundo plano el dinero, es un medio y no un fin, el deportista que ha de vestir la roja debe sentirla como la bandera misma, como un honor y no una carga ni una mercancía, confiemos en que esa sea la directriz de Arturo Salah, un profesional de tomo y lomo; que nos haga retomar con dignidad la senda de la patria deportiva justa. De ser así, con las lunas y los soles, más temprano que tarde como diría el Chicho, caminará la hinchada libre celebrando por la Alameda de Santiago, alzando una nueva copa, una que nos de orgullo de ser chilenos, porque inteligencia, poesía y trabajo nos sobra; solo nos falta recuperar la alegría, la paz, la sencillez humana y la armonía que se han perdido entre boletas lazadas al viento y mareas rojas que en verdad traían bajo sí el sino de lo funesto.